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Villancicos pegadizos y premonitorios


Navidades.
Hace dos años que vengo perdiendo ese sentimiento... eso que llaman espíritu navideño. Por un momento no me han venido las palabras a la cabeza. Las navidades constituyen posiblemente el único evento para mí que me hace pensar en el concepto de "calor hogareño". Se trata más de algo emocional que físico, en realidad. 

Otro caso de Realidad Aguda. Siempre acaba imponiéndose esa hija de mujer de vida nada fácil (en contra de lo que diga la sabiduría popular); sí, la que empieza por R. "Las navidades no son más que algo comercial", vale, "lo que de verdad importa es celebrar el nacimiento de Jesús", bien, como queráis, "las navidades son una época de felicidad y festejo y...". Pues lo cierto es que ya no le encuentro ningún sentido a criticar siquiera el concepto moderno de navidad. No, nisiquiera siento que haya algo por que protestar. Lo único que realmente me anima son las reuniones familiares, por una vez una salida agradable de lo irreal, que no es algo que vea todos los días precisamente.

En algún momento de estas celebraciones siento, igualmente como se enciende esa pequeña llamita en mi interior, aunque dure muy poco. Por que cada vez me resultan más vacías. Trato de seguir con mi vida normal, ignorando la ilusión de los más jóvenes que flota en el ambiente. Es, en cierto modo, algo molesto. Me hace sentir mal pensar así. A veces incluso siento como si alguien soplase a través de mí y me metiese el frío del invierno al interior del cuerpo. Vaya, qué inesperadamente poético.

Navidades. Papá Noel, los Reyes Magos, el Olentzero y los representantes de yo que sé cuántas culturas más que podría mencionar. Tocamos la realidad y la ilusión a la vez. Lo cierto es que lo que más me gusta de todo es el turrón. Necesito azúcar para el cerebro por culpa de la estúpida bioquímica (una vez más, cosa de la realidad). Hablando de turrón, creo que se me ha acabado... adiós, inspiración. Iré a por más.

Cierro.


Lamentos encerrados


Generalmente, los sentimientos negativos, en especial las depresiones (es decir, el "pack completo") tienden a ser círculos viciosos en los que cada cual se ahoga progresivamente, como el idiota que se mueve en las arenas movedizas, hasta terminar saliendo de un salto una vez que ha encontrado la motivación. Nótese el hastío mal retenido de mis frases. Bueno, eso o no se sale, que es otra posibilidad.

Los exámenes para algunos, el trabajo para otros; los días grises para unos, el frio para otros; una lista interminable. Yo tampoco me libro, aunque no es de sorprender en alguien que desprecia como yo la realidad. El motivo: los propios sentimientos negativos (bastante nimios, pero multiplicados una y otra vez. Son inevitables, igual que lo es, por ejemplo, el viento, pero siempre hay quien aprovecha a plantar un molino delante y aprovechar la energía. Por supuesto que son útiles. Vivimos una sociedad en la que -al menos para los que no disten mucho de esta generación- el horror, lo macabro y el sadismo están a la orden del día. Y la fantasía, bendita fantasía.

"¡Coge esos sentimientos de furia y saca tu fuerza de ahí!" No. No es mi estilo; la violencia genera más violencia. Tampoco me gusta "contagiar" emociones negativas a los demás (y liberarse así uno mismo). Prefiero escribirlas. La última vez que mire el archivo que utilizo para ello, la historia ocupaba 61, 69 o algún número similar de páginas. No estoy seguro. La cuestión es que esto puede resultar igual o más satisfactorio de/que golpear algo para muchos. No existe un gran riesgo de influir a otras personas con tus emociones negativas: se podría decir que cada novela con acción no es más que eso en el fondo, ver cómo alguien lucha contra la representación habitualmente personificada de lo que más odia.

Si la conclusión de estas batallas significa la victoria de los valores positivos sobre los negativos, creo que me gustará darle un final a la historia algún día. Quién sabe, quizás me de por castigarme haciendo lo opuesto (mi conciencia dice que me lo merezco).

 
Todos somos producto de nuestra sociedad, mucha gente es esclava de ella.
Todos somos producto de nuestro tiempo, y más gente todavía es esclava de él.
Todos somos producto de nuestro universo.